CRIMENES DE ESTADO
En 2001 –año clave en la historia contemporánea argentina-, el economista norteamericano Paul Krugman, laureado recientemente con el premio Nobel de su especialidad, publicó el libro “Fuzzy Math”, “guía esencial para entender el plan impositivo de Bush”. De allí extraemos un breve fragmento que nos recuerda una verdad que los “populistas” latinoamericanos, como diría Jauretche: “se han silbado de memoria” durante años. Krugman alerta a sus lectores contra cierto discurso político –derrumbado estrepitosamente entre nosotros en ese mismo año- que no sólo había pregonado el obsceno eslogan “achicar el estado es agrandar la nación”, sino que lo había llevado a la práctica, con especial virulencia, durante la década neoinfame de 1990. Los mismos que hoy dicen preocuparse por la intangibilidad de los recursos previsionales y ayer manosearon a gusto –haciendo papel mojado de su propia ley de intangibilidad- los depósitos bancarios de los pequeños ahorristas, son aquellos contra los que previene Krugman al decir:
“Cuando algunos políticos dicen que ellos quieren un estado más chico, un estado eficiente, no solamente mueva la cabeza, pregúnteles cuál de estas tres divisiones quieren recortar: ¿Servicios Públicos, Seguridad Social, o Ayuda Social?
“Aunque hay siempre ineficiencia y fraude en el gobierno federal, esto es también cierto en cualquier organización de gran tamaño, incluyendo las empresas privadas. (…).
“Así que no es realista que un político diga que va a "achicar" el estado en un porcentaje notable, sin dejar de lado algunos servicios que el Estado provee actualmente. Si ellos planean achicar el estado, ¿que parte de ese estado planean achicar?”.
La explosión del 2001 mostró en carne viva las llagas ardientes de ese plan iniciado por la dupla siniestra Videla-Martínez de Hoz, convalidado por el ínfimo progresismo sin destino de Alfonsín, Terragno y cía. y llevado a extremos pornográficos por el fatuo personaje de Anillaco y su otrora irreemplazable ladero cordobés. El grotesco De la Rúa –perdido en el laberinto tinelliano de un país en llamas- solo atinó a apagar el fuego con la nafta que le proveían López Murphy y el propio Cavallo. Nerón calcinó una ciudad, estos nefastos personeros del capital internacional incendiaron un país. Todos ellos son culpables de masacres violentas o lentos crímenes imperceptibles a través de la “miseria planificada” que denunciara Walsh. ¿No es hora de que el peso de la ley también caiga sobre ellos? ¿O hay un tácito punto final que los ampara por no llevar uniforme?
jcjara